Cuando un País cualquiera que sea,
permanece tantos años sumido en la guerra socava lentamente los sentidos de sus
habitantes y la violencia deja de ser exclusiva del campo, así como la
corrupción deja de ser característica de las grandes empresas y de los
gobiernos.
La ley del más vivo está en el aire, la
respiramos y se aferra a nuestra cultura asfixiando la reputación que tenemos los
Colombianos, tanto de nosotros mismos como en el exterior, es un error
generalizar pero sería poco realista no mencionarlo.
Llevamos tanto tiempo inmersos en el caos,
que fácilmente podemos almorzar frente al televisor mientras nos muestran una
pila de cadáveres de tales combatientes en tal conflicto, se nos hicieron tan
naturales los asuntos de la guerra, la pobreza y la corrupción que nos
insensibilizamos. Ya no sentimos compasión por un anciano dormido en la calle, sentimos
repulsión, quizá miedo. Tal vez por eso le dan tanto tiempo a la sección de
farándula, para tocarnos otras fibras, esas que aún no están adormecidas.
Heredamos de nuestros padres cierto
agotamiento, ese tedio, ese temor, esa desconfianza al cambio, ese algo etéreo
que tenemos en la mirada los Colombianos de a pie cuando nos hablan sobre
nuestros políticos, sobre sus reformas, sobre los impuestos.
No es sorprendente descubrir que en Colombia
ya nadie quiere votar, pues nos gobiernan las mismas familias de siempre, las
que nos llevaron a la bancarrota y nos tienen en guerra, recordemos que tanto
el primo del abuelo de Lleras, Alberto Lleras Camargo como su abuelo, Carlos
Lleras Restrepo fueron presidentes del frente Nacional. Sí, el frente que vio
nacer a las Farc, y es ahora Germán Vargas Lleras el siguiente candidato
presidencial de la Unidad Nacional, quien viene a cuadrar el rompecabezas del
esperado postconflicto. Una familia que participó en el escenario político que vio
nacer a las Farc y ahora quiere echar
los "Santos" óleos a su primogénito armado, una familia que causó más
de 50 años de barbarie y que viene por más, (aunque claro, esto no es algo
exclusivo de los Lleras, tenemos a los Santos, a los Pastrana, los López, los
Ospina, la rueda histórica de nuestros gobernantes no culpables de nada nunca).
Lo gracioso es que el Banco de la
República ya mencinó que nos pondrá al abuelito de Lleras en el billete de
$100.000, es decir, el billete de más alta denominación va a llevar el nombre
del que va a ser nuestro presidente. Como no le vamos a terminar cogiendo
afecto a ese apellido de tanto verlo junto a esos ceros
Si se pregunta cómo logran estas familias
aferrarse por tanto tiempo al poder, piénselo bien, la culpa es nuestra que
votamos por ellos, que entramos a un salón y no ponemos atención, que nos
metemos a un transmilenio en vez de usar bicicleta, que pagamos ese servicio de
salud que no nos prestan y esa pensión de la que no gozaremos, que vemos novelas
y le creemos a los noticieros.
La culpa es nuestra que no leemos, que no
enseñamos, que andamos sufriendo por los terremotos y las masacres de otros
países sin detenernos a pensar en las crisis nacionales, que compramos
productos más caros de marcas extranjeras, y más baratos sin marca, traídos de
China. Con qué autoridad viene uno a quejarse de los políticos siendo igual de
vivo y bufón.
Este desinterés por la patria se
materializa en el creciente abstencionismo, de 32 millones de Colombianos
inscritos para las votaciones presidenciales del 2014, sólo votaron algo más de
13 millones, de los cuales cerca de 4 millones de votos fueron obtenidos
mediante programas como el de familias en acción con más de 3 millones de
familias inscritas, cerca de 6 millones de votos se obtuvieron de las
periferias, en zonas con alta presencia militar bien sea del ejército o
guerrillas, donde difícilmente uno cree que alguien salga tranquilamente a
votar por interés propio o convicciones políticas genuinas.
Muchos de estos votantes bien fueron
forzados, sobornados o manipulados para votar por X o Y candidato. Seré
atrevido y anularé a este tipo de votantes, dejando cerca de 3 millones
de votantes reales, los que votan por que creen en su candidato. (Sin embargo
soy consciente que en las grandes ciudades como Bogotá, Medellín, Cali etc.,
también se repartió tamal y lechona).
Esto es lo que hay, somos un pueblo preso
por la ignorancia, jodido por sus representantes, pobre en empleo y
oportunidades, marginado por las potencias, segregado por otras culturas,
violado por sus recursos, pero uno sale a la calle y todo bien, todo bonito, ya
podemos viajar a nuestras fincas y vamos a estar exentos de visa para ir a
nuestras otras fincas, las de Europa.

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